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Sharing Artistic Strategies: sharing ourselves to death?

Mañana estaré en Arteleku en una mesa redonda con Cornelia Sollfranck, Fran Ilich y Natxo Rodríguez. ¿El pretexto? Los talleres que Cornelia y Fran imparten estos días allí en torno al tema de "Sharing Artisctic Strategies".

La propuesta de Fran Ilich es utilizar la telenovela como una herramienta de re-interpretación de la cultura popular mexicana. Durante el taller se trabajará en la realización de una telenovela aplicada a la cultura popular vasca desde un punto de vista crítico.

Cornelia Solfrank, ciberfeminista y net-artista, presentará aproximaciones teóricas y prácticas a la deconstrucción y a la reinvención de la autoría. Los participantes del taller experimentarán, cómo seguir los pasos de conocidos autores como Andy Warhol, mientras se introducen en un área legal gris.

Trataré de aportar mi punto de vista contándo lo que hicimos en el taller Ni Rastro de Carmín donde trabajamos (¡y bien!) sobre la creación de narraciones como forma de intervención política y la desarticulación de la autoria, tanto desde el punto de vista de la propiedad de las ideas como desde el concepto del sujeto-productor-de-discurso.

Preparándo el taller hemos intercambiado una serie de emails muy interesantes en los que nos hemos separado completamente del tema inicial (pobre Natxo que ejerce de moderador) para abordar el traslado de las estrategias de trabajo "artísticas" (creatividad, informalidad, formación permanente, networking...) al ámbito del business (file under: innovación, I+D y demás términos de rabiosa actualidad).

A este respecto, dos materiales a tener en cuenta:

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Por qué sólo los idiotas creen en el mercado

Por qué sólo los idiotas creen en el mercado

Basicamente la economía es un conjunto de reglas que no existen per se, o sea, en la naturaleza, sino sólo por el hecho de que creemos en ellas. Es muy duro pero así es: la economía es una cuestión de fé.

Un amigo del activismo me manda este video que explica de forma muy sencilla el funcionamiento del mercado financiero internacional. Curioso que empiece con una frase de John Kenneth Galbraith , posiblemente el economista más importante de la historia.

El vídeo dura 47 minutos y se puede ver en streaming aquí .

Un poco de ciencia-ficción feminista... en Zehar Digital

Estoy editando un blog sobre ciberfeminismo en el Zehar Digital, la versión online de Zehar, la revista de Arteleku a raiz de un texto que escribí en el último número, "Chúpame el código 2.0. Ciberfeminismo en tiempos de guerra".

 

En los próximos meses iremos publicando entrevistas a diferentes grupos y personas vinculados de algun modo con el pensamiento de género aplicado al entorno digital.

Pero de momento, para ir abriendo boca... un poco de ciencia-ficción feminista:

Para ir abriendo boca en una tradición arquetípicamente femenina, empiezo hablando de un cuento. O una novela, que en definitiva es lo mismo. Metáfora y narración. El Frankenstein de Mary Wollstonecraft Shelley, publicado anónimamente en 1818.

 

El monstruo rebelde creado por el Doctor Frankenstein ha sido analizado infinidad de veces por su magistral encarnación del mito del progreso que, al principio del XIX, planteaba ya los interrogantes que han llegado hasta hoy. ¿Qué ocurre cuando el fruto de la técnica y los saberes -el monstruo- se rebela contra su creador? ¿Qué responsabilidad tiene el hombre (masculino neutro) respecto a su propia inteligencia?

Una de las mayores aportaciones del clásico de Shelley es haber revisado en clave industrial otros arquetipos anteriores. Como Fausto, que vendió su alma al diablo a cambio de sabiduría; Prometeo, que robó el fuego a los dioses del Olimpo; y por supuesto Adán que, incitado por Eva, robó el fruto prohibido del árbol de la ciencia. En todos los casos, la historia es la misma.

 

Sigue leyendo .


 

Chúpame el código 2.0. Ciberfeminismo en tiempos de guerra

Ultimamente no escribo mucho en el blog. Pero estoy todo menos inactiva.

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Chúpame el código 2.0. Ciberfeminismo en tiempos de guerra.

Publicado en Zehar nº62 / Arteleku.net


“La ciberfeminista es una mezcla única entre activista, ciberpunki, pensadora y artista”
Alex Galloway

“La política de los cyborgs es la lucha por el lenguaje y contra la comunicación perfecta, contra el código único que traduce a la perfección todos los significados”
Donna Haraway

En 1997, un grupo de mujeres firmaron en la Documenta de Kassel un texto titulado Las 100 anti-tesis del ciberfeminismo con el que reivindicaban la fuerza de la ironía como arma de intervención política radical. “El ciberfeminismo no es una fragancia, no es una pipa, no es un fake, no es genético, no tiene sólo un lenguaje...”. Como artefacto de des-re-codificación, el ciberfeminismo se formula pues, voluntariamente, desde la parodia y el territorio del mito: una historia de origen inidentificable, contada una y mil veces, que niega la primacía de una única versión sobre las demás. Y así, se convierte en un buen lugar para pensarnos, indeterminado y fluctuante, que cobra sentido por la acumulación de prácticas dispares que, desde el arte, la filosofía o la acción social han ido escribiendo las muchas micro-historias de las que se compone. Ninguna más auténtica que las demás pero todas igualmente válidas y cohesionadas en torno a una constatación, susceptible de muchas declinaciones: la dimensión profundamente política de la tecnología.

La web 2.0 ha cambiado nuestra manera de relacionarnos, de producir y consumir información, de adquirir y propagar conocimiento. Y uno de los fenómenos que más ha despertado las fantasías feministas de emancipación digital ha sido, lógicamente, el de la blogosfera, de la que nos hemos apropiado con voracidad para compartir experiencias, crearnos redes de apoyo mutuo, visibilizarnos unas a otras y, sobre todo, soñar con la posibilidad de una revolución que siempre nos decepciona. Porque no es cierto que en el cerebro colectivo haya sitio para todo el mundo. Cuando la libertad de expresión convive, como ahora, con una suplantación de la vida pública por formas más o menos atractivas de exhibicionismo hiper-real, es sólo una estrategia de despiste.

El espacio digital no existe en el vacío. Por el contrario, se halla íntimamente intrincado en instituciones socio-políticas excluyentes para todos aquellos que no entramos en la categoría de lo neutro -hombre, blanco, occidental- y en valores atávicamente patriarcales como la competitividad, el mito de progreso o el sometimiento del entorno en todas sus formas, humano o natural. ¿Cuál es la posición real de las mujeres y los hombres reales en el sistema de producción de la economía informacional? ¿Qué papel nos toca a los otros (mujer, bollera, niño, negra, sin papeles), históricamente excluidos de la producción de discurso, en eso que llamamos sociedad del conocimiento? ¿Cómo puede ser viable un proyecto de emancipación política radical -entendiendo política como algo que tiene que ver con los asuntos comunes- en un entorno fracturado y sometido a vigilancia en el que se desmantelan sistemáticamente las zonas sociales autónomas, las únicas en las que podrían formularse códigos capaces de dar cobijo a la alteridad?

El lugar natural del ciberfeminismo no puede ser otro que el de la tecno-política. Una tecno-política comprometida con el cuestionamiento de todos los códigos de realidad -informáticos, sexuales, afectivos, identitarios pero también, más que nunca, macro/económicos y geo/políticos- que nos convoque a reflexionar colectivamente sobre el patriarcado como modelo histórico de organización social y su transformación contemporánea en el capitalismo tardío. No quisiera creer, como dice con humor Christine Tamblyn, que digital sea sólo “otro nombre para ir de compras”.


“Chúpame el código” es una frase sacada del “Manifiesto de la zorra mutante” de VNS MATRIX. Casi todas las referencias de este texto pueden encontrarse en http://www.estudiosonline.net/.

CC Ptqk 2007
Este texto está registrado bajo una licencia Creative Commons
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/es/

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Teoría King Kong, el regreso de Virginie Despentes

La más macarra y la más lista. Virginie Despentes, vuelve. A finales de 2007, la autora del polémico Fóllame (preciosa novela sobre dos prostitutas asesinas pésimamente llevada al cine) ha publicado Teoría King Kong, un ensayo en el que, con su estilo directo y provocador, sienta las bases de ¿un nuevo feminismo? Melusina, la editorial que publica esta obra en castellano, nos regala las primeras páginas en su web. Empieza así:


Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.

Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas. Seguramente yo no escribiría lo que escribo si fuera guapa, tan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo. Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy. Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo. La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad.
Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más
deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las
que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables,
los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.

Porque el ideal de la mujer blanca, seductora pero no puta, bien casada pero no a la sombra, que trabaja pero sin demasiado éxito para no aplastar a su hombre, delgada pero no obsesionada con la alimentación, que parece indefinidamente joven pero sin dejarse desfigurar por la cirugía estética, madre (...)

Traducción de Beatriz Preciado.

Entrevista a Virginie Despentes en El País:

La aparición de la novela Fóllame, luego llevada al cine, lanzó a la fama a la escritora francesa. Su último libro, King Kong Teoría, mezcla el ensayo y la autobiografía para hablar de la violación, la prostitución y la pornografía desde un punto de vista tan crudo como polémico.

Transgresora y deslenguada, Virginie Despentes (Nancy, 1969) pasó de ser una escritora marginal a convertirse en una de las voces más destacadas de su generación. Una dama de la literatura trash. La popularidad le llegó en 1993 con su novela Fóllame (Mondadori), después llevada al cine, que cuenta la violenta historia de dos prostitutas convertidas en asesinas en serie. Despentes extrae de su biografía -en la que figuran la violación, la prostitución y los trabajos basura- buena parte de su material de ficción y también de reflexión. Pero es su último libro, el ensayo King Kong Teoría (de próxima aparición en Melusina) el que la ha vuelto a poner en la mira de los conservadores. Un texto polémico que unos consideran el manifiesto de un nuevo feminismo y otros, un ajuste de cuentas personal, una guerra civil entre hombres y mujeres. "Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las insatisfechas, las que nadie desea, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena mujer", escribe.

PREGUNTA. Su escritura es directa como un puñetazo. ¿Es necesaria la cólera, cierta violencia para hacerse escuchar?

RESPUESTA. No, la cólera puede dar cierta energía. Pero lo que es necesario para hacerse oír son personas dispuestas a hacerlo. Hay algunas que funcionan bien con la cólera, otras, a quienes eso les causa apenas un rasguño.

P. ¿Escribir: "Puesto que quería ser un hombre, he tenido una vida de hombre", no es una dimisión de su propia particularidad?

R. ¿Una dimisión con respecto a qué? ¿A mi "devenir mujer"? Nunca me he sentido dueña de una misión particular por ser mujer. Desde el exterior es desde donde se me hizo comprender que mis apetitos eran masculinos. Hubiera dimitido de mí misma aunque me hubiese comportado de otra manera. Si hubiese escuchado lo que me decían: a las chicas no les gusta tocar la guitarra eléctrica, pero sí los chicos que lo hacen; a las chicas no les gusta pelearse, pero sí los hombres que se pelean; a las chicas no les gusta ganar dinero, pero sí casarse con aquellos que lo tienen... No creo por un instante en la femineidad, que sería un despliegue biológico o químico de cualidades particulares en todas las mujeres. Tampoco creo más en la virilidad que reuniría a todos los hombres. No me parece que Bruce Willis y Woody Allen se parezcan en nada. Ni tampoco Britney Spears y Angela Davis. Dividir a la humanidad en dos partes para tener la sensación de haber hecho un buen trabajo me parece bastante grotesco.

P. Cuando escribe que "explota su femineidad si se prostituye", me cuesta pensar que no deje una huella traumática...

R. Sinceramente, ¿cree que la prostitución deja más traumas que la exposición mediática? Lo que hago hoy en día para ganarme la vida como autora mediatizada es humillante y doloroso. Y nadie me compadece. La prostituta deja libre el fantasma del miedo a que las jóvenes se hagan prostitutas, por eso insistimos en el lado doloroso de ese oficio.

P. Tal vez la posesión física sea también la posesión moral de la persona...

¿Todo acto físico no deja una huella emocional?

R. Si he practicado ese oficio durante un tiempo era porque me resultaba fácil. Más transparente que otros trabajos que he podido tener. Todo intercambio físico deja una huella emocional, sí, pero no siempre negativa. No digo que todas las mujeres puedan hacerlo. Digo que, para algunas, es un trabajo como cualquier otro, incluso más interesante que otro. No vivimos en un mundo donde todo el mundo esté feliz con pagar su hipoteca.

P. Para usted la femineidad es una forma de servilismo, un puterío. Una mujer sumisa es una mujer sin rostro, ¿por dónde empieza la revolución?

R. Convertirse en lesbiana sería un buen comienzo.

P. No se termina, según dice, disfrazándose de hombres para avanzar. ¿Cómo inventar la femineidad bajo presión sin caer en el conservadurismo o tirando de ideas preconcebidas?

R. No nos disfrazamos de hombres más que ellos. Lo que se define como lo que les pertenece, no les pertenece y no les conviene, ni más ni menos que a las que nacemos mujeres. Imaginar que la fuerza de carácter, la energía, la agresividad, el deseo, o los trapos más prácticos que seductores nos pertenecen en tanto que hembras es una herejía. A cada una le toca definir, según su trayectoria precisa y en la medida de sus posibilidades adónde quiere ir. Que opongan a mi femineidad el ejemplo de una novela donde dos mujeres matan a todo el mundo es una estupidez. No escribo para honrar ni deshonrar mi femineidad, sino en un contexto preciso y sobre emociones que no poseen género.

"El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres" Simone de Beauvoir

Estos días lo diarios dedican sus secciones de cultura al centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir y, como era de esperar, lo enfocan desde la crítica al personaje, por su sometimiento a Sartre , su bisexualidad y su carácter un tanto agrio de empollona que la persiguió toda la vida. Como si además de filósofa tuviera que ser simpática.

Resulta que una vez más la obra de una mujer se emsombrece con la crónica de su vida privada. Cosa que no suele ocurrir con los varones. Igual que pasa con las mujeres que se meten en política -a las que se valora como "mejor peinada", "más estilosa" o lo que sea (todavia estoy esperando el día en que se mida el índice de popularidad de un ministro por su gusto con las corbatas), también las féminas que se meten a pensar son presas fáciles del amarillismo mediático.

Con todo, Simone de Beauvoir ha sido la pensadora más influyente del siglo XX y su obra ha amamantado a legiones de feministas, entre las que me encuentro. Con dieciseis años "La mujer rota" me desconcertó y no entendí nada pero lo acabé por cabezonería. Por suerte el pensamiento lateral hace su camino a pesar de la estupidez de una y antes de dejar París me compré "Memoires d'une jeune fille rangée" (traducido al español -lengua tan poco agradecida para los matices- como "Memorias de una joven formal") que devoré en un par de tardes en Barcelona y me gustó muchísimo más que su emblemática "Le Deuxième Sexe" , por la que ha pasado a la historia.

Porque mientras que en "Le Deuxième Sexe" , De Beauvoir expone con toda su racionalidad las ideas principales de su nuevo feminismo (hilvanadas en torno al famoso "On ne naît pas femme on le devient": una no se nace mujer, se transforma en mujer), en "Memoires d'une jeune fille rangée" simplemente cuenta su vida. Al menos unos años de su vida fundamentales para comprender lo que vino después: su infancia, la adolescencia y la primera juventud, antes de conocer a Jean-Paul Sartre. Cómo creció sintiéndose una freaky (cuando esa palabra no existía más que en inglés) y disfrutando con sentimiento de culpa de placeres destinados al otro sexo como la lectura, la escritura, la libertad o la reflexión.

Creo que "Memoires d'une jeune fille rangée" da una idea mucho más acertada del personaje que cualquier biografía y es una lectura imprescindible para quién quiera acercarse, tanto al pensamiento de Beauvoir como al sentir feminista. Para entender de dónde venimos, el por qué de tanta mala ostia y la energía que nos habita.

La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución. Sección Inglesa de la Internacional Situacionista.

La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución. Sección Inglesa de la Internacional Situacionista.

La historia empieza más o menos así.

1945. Europa está fatal: las ciudades en ruinas, la población mermada y deprimada, las arcas públicas vacías. Estados Unidos, gran justiciero y defensor de la libertad -ya apuntaba maneras- empieza a forrarse con la economía de guerra y la creación de un mercado de bienes de consumo que, gracias a las ayudas del Plan Marshall , contamina poco a poco a Europa. A los menos empobrecidos primero, a todos después.

En el mundo del arte, el final de la segunda guerra mundial marca también un punto de inflexión. Los artistas e intelectuales se han ido a vivir a Mexico o a Nueva York. Los americanos se inventan el Expresionismo Abstracto y el Pop Art (que no deja de ser la versión popular del nouveau réalisme francés). Europa se queda huérfana de inteligentsia. Y claro, la clase intelectual francesa está super enfadada.

  >> Daniel Spoerri, 1963

Guy Debord entiende bien el sentir de los tiempos y escribe su inestimable "Sociedad del Espectáculo" , un librito breve y furioso que refleja a la perfección lo que muchos empezaban a sentir pero no conseguían expresar: la desiadia, la desorientación, la pérdida de referentes, la crisis del discurso y la conversión del espíritu revolucionario en un simple consumo de fetiches políticos espectaculares. Lo bautizan situacionismo y sí, como dicen, sigue siendo la mayor empresa de negación creadora del siglo xx. Y de momento del XXI porque es más actual que nunca.

Pero el situacionismo, descubrimos en este libro cuya segunda edición publica ahora la editorial Pepitas (o algo así), también tuvo una versión inglesa: La revolución del arte moderno y el moderno arte de la revolución. Sección Inglesa de la Internacional Situacionista.

[...] El arte tiene un papel específico que desempeñar en el espectáculo. En cuanto deja de responder a necesidad real alguna, la producción sólo puede justificarse en términos puramente estéticos. La obra de arte —el producto completamente gratuito cuya coherencia es puramente formal— proporciona en la actualidad la ideología de la pura contemplación más poderosa posible. Como tal, es la mercancía por excelencia. Una vida que carece de todo sentido al margen de la autocontemplación de su suspensión en el vacío halla su expresión en el gadget: un producto permanentemente anticuado cuyo único interés y utilidad residen en su abstracta ingeniosidad técnico-artística y en el estatus que confiere a aquellos que consumen su última reedición. A medida que pierda cualquier otra razón de ser, la producción en su conjunto se volverá cada vez más «artística». [...]

Este documento, que permaneció inédito durante más de un cuarto de siglo debido a la expulsión de sus autores de la I.S. en diciembre del 67, da cuenta de los momentos sobresalientes de la crisis del arte moderno a la vez que expone los puntos centrales de la crítica situacionista en la materia. Su sabor «de época» y su óptica angloamericana confieren a su enfrentamiento con la «cultura pop» —mucho más discreta y elitista en la Francia de entonces— un estilo más concreto y «popular» que el de la crítica situacionista francesa. Especial mérito tiene su inmisericorde forma de desbaratar y desmontar la inflación de pseudonovedades, mamarrachadas en serie y estrategias artístico-policiales originadas en la década de los sesenta. Como contrapartida, no está exento de cierta abstracción lírica y optimismo precipitado en relación con fenómenos como el nuevo lumpen, la delincuencia juvenil o los motines de Mods, Rockers, Hell’s Angels y demás fauna urbana, que poco tardarían en convertirse no tanto en desafíos al orden existente como en formas especializadas de acomodarse a él.

Además este libro, traducido por Federico Corriente, contiene los ensayos Guy Debord y el problema del maldito, de Asger Jorn, y Por qué el arte no puede acabar con la Internacional Situacionista de T. J. Clark y Donald Nicholson-Smith, a modo de inmejorables vacunas contra las enfermedades que inoculan artistillas y politiqueros de todos los pelajes.

«Este libro, en su brevedad, es una magnífica puerta al conocimiento de la I.S., sin historiadores ni recuperadores que nublen la comprensión de la que fue la mayor empresa de negación creadora del siglo xx».

Monolo Ezcobar


Reality Hacking. ¿Quién teme a los códigos de realidad?

A propósito de Generatech...

REALITY HACKING. ¿QUIÉN TEME A LOS CÓDIGOS DE REALIDAD?

2006 / Ptqk para Zemos98

Algunas máquinas llevan tanto tiempo operando en la realidad que han producido estructuras y códigos disciplinarios que consideramos normales –normalizados- mientras que otras irrumpen en el contexto social produciendo rechazo o ilusión por los cambios que anticipan. En 2001, las Guerrilla Girls imaginaron el cartel de una película ficticia titulada “The Birth of Feminism” en el que Pamela Anderson, Halle Berry y Catherine Zeta-Jones, en bikini y actitud provocadora, exhibían una pancarta con el eslógan “Equality Now”. El objetivo de esta acción no era sólo denunciar el uso y abuso de la imagen de la mujer como recurso publicitario, algo que sólo hubiese interesado a quienes ya gozan de una conciencia de género bien arraigada. Su propósito era más sutil y consistía en atraer al espectador y ganarse su confianza para, después, sorprenderle con un mensaje que no estaba preparado para recibir. “They make women´s rights look good. Really good” era el subtítulo.

La táctica activista del primero un guiño y después un codazo, como la utilizada por las Guerrilla Girls, es una forma de reality hacking que apuesta por la apertura y la reescritura subversiva de los códigos de realidad de toda índole: mediáticos, tecnológicos, sexuales, arquitectónicos, lingüisticos, políticos, económicos, sociales o afectivos. Inspirado por movimientos artísticos como Fluxus, el situacionismo y, en general, el discurso de la interacción entre el arte y la vida, el reality hacking pronto empezó a ser utilizado con propósitos de agitación directa, pasando del artivismo digital y la desobediencia civil electrónica a las protestas populares contra el FMI, el Banco Mundial y el tráfico global de mercancías, servicios y capitales. El hacker de realidad, al igual que el informático, conoce bien los sistemas y los interviene, dándoles un sentido y una utilidad radicalmente nuevos. Como estrategia de agitación, el reality hacking no se sitúa ni en la denuncia utopista ni en la confrontación directa. Es, más bien, un método para pensar el entorno y actuar sobre las relaciones semióticas y fácticas en las que se apoya.

También el colectivo activista The Yes Men hackea los códigos de realidad cuando sus miembros se hacen pasar por representantes de la OMC (Organización Mundial de Comercio) y acuden a conferencias internacionales en su nombre. En una de ellas, dedicada a la producción textil internacional, exponen con absoluta serenidad la hipótesis de que, de haberse dejado la esclavitud en manos del libre comercio, ésta se hubiese convertido “naturalmente y sin necesidad de intervención estatal” en un medio de contratación legal de los trabajadores del tercer mundo, avalado por el GATT. Al finalizar la conferencia, el Yes Man se desprende de su traje y exhibe un mono de licra coronado por un enorme pene y una pantalla: es la nueva propuesta de la OMC para controlar a los trabajadores de la industria textil en el mundo. El acto culmina con muchos aplausos, cocktail de agradecimiento y, al día siguiente, foto a color en el periódico local.

Si adaptamos la definición que propone el diccionario Jargon File, reality hacker sería entonces todo aquél que “disfruta del reto de superar creativamente las limitaciones que le rodean”, subvirtiendo los códigos que constriñen nuestro interfaz tanto en el ámbito público -el del consumo, la socialización o la acción política- como en el ámbito privado -el de los procesos de reflexión, seducción, admiración o afecto. Y, mientras que el primero es objeto de múltiples intervenciones con vocación política o artística, las experiencias de intervención subversiva del segundo, el de lo íntimo y lo personal, continúan siendo anecdóticas, casi exclusivamente relegadas a las formas de activismo queer. Desde el famoso lo personal es político hasta las teorías ciber y post-feministas de la década de los noventa (con las limitaciones inherentes a todo tipo de etiquetas), el pensamiento de género se ha preocupado por explorar los límites entre lo real y su discurso, proponiendo apropiaciones inéditas y socialmente abiertas -horizontales y participativas- de los códigos de identidad más arraigados, como las categorías hombre/mujer, humano/máquina o naturaleza/cultura. Cuando Donna Haraway afirma: “A finales del siglo XX -nuestra era, un tiempo mítico-, todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en unas palabras, somos cyborgs” propone una celebración creativa de estas confusiones y apela a nuestra responsabilidad y nuestro placer para construir otras distintas. Audaces, originales y de nueva planta. Y no sólo en la esfera de los discursos del género sino también en las relaciones -íntimas pero igualmente políticas- que establecemos con los demás agentes del entorno, ya sean de carácter humano o tecnológico.

Un ejemplo. En un texto escrito para Netlach, Laurence Russel ironizaba sobre la utilidad de una aplicación como el Open Office que sugiere al usuario el estilo más correcto de redactar un texto. Parece que está escribiendo una carta es una manera amable pero autoritaria de orientar la conducta que asume que todo aquél que se separa del formato establecido está, seguramente, cometiendo un error. Es decir que, pese a ser una herramienta de software libre, el Open Office parte del convencimiento de que existen estilos correctos y otros que no lo son y actúa como agente autorizado para decidirlo. Por defecto, se impone al usuario y configura su subjetividad, su estar ante la máquina, orientándolo hacia códigos de realidad de corte verticalista. El sistema cultural en que se apoya dista mucho, por tanto, de la actitud hacker de la que supuestamente se inspira y, ante la duda, opta por la llamada al órden, replicando modos de experiencia propios del viejo paradigma, como la autoridad, la racionalidad y la separación entre quien habla y quien escucha, entre quien escribe y quien lee lo que otros han escrito, entre quien programa la aplicación y quien la utiliza. La mayoría de nosotros no recurre al software libre para destripar el código sino en busca de herramientas que nos permitan ser agentes activos en la determinación de nuestro entorno tecnológico. Pero, como en el caso del Open Office, esto es algo que, por desgracia, no suele ocurrir. También las aplicaciones de código abierto, aunque gocen del beneplácito de un gurú como Richard Stallman, nos imponen la actitud de consumidores pasivos de mitos, innovaciones y categorías de realidad que ordenan nuestro espacio de interacción personal con la máquina.

Las preguntas que sugiere el reality hacking aplicado a la esfera de lo personal son las siguientes.

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar en la desactivación de los mecanismos de autoridad, órden y referencia? ¿Y hasta qué punto es viable -y creíble- un proyecto colectivo de emancipación tecno-social si los códigos de realidad de nuestros sistemas operativos internos continúan siendo los mismos?

El método que se propone desde el reality hacking no es el de buscar respuestas a estas preguntas y asumirlas como válidas sino el de elaborar un mito: “una historia de origen inidentificable relatada una y otra vez con distintas variaciones que niega la primacía de una historia identificada como única verdad”. Lo que no significa mitificar el reality hacking o teorizarlo como un concepto intelectual más, sino construirlo desde la praxis, la insolencia y el desafío sistemático de todos los códigos, desarrollando colectivamente un discurso permeable, en permanente cuestionamiento y retro-alimentación, en el que no existan categorías legítimas ni sujetos autorizados.

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Publicado originalmente por Zemos98.
CC Ptqk 2006
Este texto está registrado bajo una licencia Creative Commons
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 2.5 España
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/es/

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Copio y pego de 0jo.org: Hardware abierto (I)

Busco Manual Honesto de Economía Contemporánea. No me importa la orientación. Si alguien me puede ayudar por favor...

Me he despertado dándole vueltas a una idea que me acompaña obsesivamente desde hace meses y no consigo verbalizar. Tiene que ver con las nuevas formas de producción y los paradigmas económicos del capitalismo de ahora, transformaciones que nadie -nadie nadie- consigue explicar. Quiero decir, explicar de verdad, aterrizando. Igual que en la facultad me explicaron lo del modelo capitalista industrial. Que lo veias clarisimo. Pero ahora no. Esto de la producción inmaterial en el fondo son sólo especulaciones. Ni Richard Florida ni Jeremy Rifkin ni nadie le ha dado una formulación concreta.

Recordaba haber visto un post en 0j0 , el blog de David Cuartielles, en el que hablaba del modelo productivo de Arduino. Es este:

Hardware abierto (I)
Tue, 08/14/2007 - 22:28 — david

Llevo cuatro años investigando el valor de la propiedad intelectual desde el punto de vista de la producción. Al principio me preguntaba que significaba eso de compartir lo inmaterial. El hardware tiene la particularidad de presentarse en doble formato, es como la dualidad onda corpúsculo personificada en una plancha de baquelita cubierta de tirillas de cobre.

Hace algo mas de dos años comencé, junto con Massimo Banzi, Dave Mellis y Nick Zambetti el proyecto Arduino desde Ivrea en Italia. Creimos que sería una buena idea traer el mundo del software libre al hardware. Intentamos buscar un conjunto de instituciones interesadas en la creación de un sistema educativo de mínimo coste que acercase a los estudiantes una herramienta de coste menor a un libro de texto. El "know-how" lo recogeríamos en una página web y buscaríamos formas de agrupar los conocimientos para que se pudieran hacer lecturas de diferentes niveles de los mismos.

El primer problema que nos econtramos fue la imposibilidad de las universidades para invertir en un proyecto educativo que no tendría aún un carácter investigador. Las universidades a las que ofrecimos la posibilidad de colaborar, no vieron el modo de hacerlo. Su respuesta fue: "hacedlo y si funciona lo compramos". Vivimos inmersos en un sistema tan capitalista que resulta imposible pensar en la inversión en educación. Las universidades tienen que comprar de proveedores predeterminados que se lucran de hacer los suministros tan caros como quieren (esto es un hecho que sería fácil demostrar con facturas).

Así que creamos Arduino como un grupo de amigos que pone algo de dinero y lo lanza al mercado con la condición de que no suba de un determinado precio, de modo que sea siempre más barato comprarlo que fabricarselo uno mismo. La historia de porqué es así es mucho más larga, y no es objeto de este artículo. No nos dimos cuenta en ese momento de la importancia que iba a tener el ponerle un precio fijo, ni del modelo de negocio que estaba generando. Jamás pensamos que se vendería en todo el mundo, ni que cambiaríamos la forma en que se educan diseñadores, artístas, ingenieros en electrónica o alumnos de tecnología en secundaria.

No pensamos que Arduino pasaría a ser una imagen de marca tan fuerte que nos sacarían clones perfectos de las placas que vender por ebay para lucrarse sin dar un palo al agua. Ni pensamos que podríamos conseguir la influencia suficiente para hacer que ITP en la Universidad de Nueva York tirase abajo una pared al no necesitar una habitación de ordenadores con licencia de programación de microprocesadores (estas historias son verídicas).

Arduino podría haberse llamado de otra forma, y podría ser de otras personas, pero ahora mismo es de todos y ha venido para quedarse. El modelo de trabajo que está generando servirá para crear nuevos colectivos multinacionales, empresas virtuales, piezas artísticas y sistemas educativos. Esperemos saber vivir con las expectativas que está generando en muchos.

Bilbao años 90 ¿accionismo o arte de acción?

El artista Fausto Grossi se ha liado la manta a la cabeza para poner en marcha un ejercicio de memoria necesario (sobre todo para los y las de mi generación que a menudo creemos estar inventando la rueda).

Bilbao años 90 ¿accionismo o arte de acción? es una investigación sobre las prácticas artísticas más underground surgidas en la capital vizcaína durante la década de los noventa, en pleno tránsito de la crisis industrial a la nueva ciudad de servicios.

Hoy Bilbao es casi un meme, está en la mente de todos. Para algunos, como paradigma de transformación urbana existosa y punta de lanza de la Nueva Economía Vasca, basada en una excelente estrategia de branding urbano (de marca de ciudad, para entendernos). Para otros, es el perfecto ejemplo a no seguir, por marginar el tejido local en beneficio del capital transnacional o confundir la regeneración urbana con el shopping.

Pero sin embargo, de lo que era Bilbao en los noventa, en los años que siguieron a la decisión de acoger el Guggenheim, y los colectivos artísticos que, a duras penas, dinamizaban lo que entonces era una ciudad acomplejada y provinciana, se sabe bastante poco.

Bilbao años 90 ¿accionismo o arte de acción? recoge entrevistas a varios artistas (como Bada, Morquillas, Beatriz Silva, Josu Rekalde, Alberto Lomas y más) y permite comprender algunas de las iniciativas artísticas que surgieron y murieron en Bilbao durante ese periodo: Artenativa, Safi Gallery, Las Chamas, En Canal, Mina Espacio o Espacio Abisal, entre otras. 

Las entrevistas aún no están publicadas online pero la introducción al estudio puede leerse en Escaner Cultural .

* * *
Hablando de arte vasco: El Código Incógnitas

 

 

 

Michel Foucault por él mismo


Michel Foucault par lui-meme
Année de production : 2003
Réalisation : Philippe Calderon
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Haz tu propio ciberfeminismo...

Haz tu propio ciberfeminismo. Te puede ayudar a entender la verdad del mismo.
Cornelia Sollfranck (La verdad sobre el ciberfeminismo )

Con casi un año de retraso -soy trabajólica pero disfuncional- cuelgo en mi slide share el material del taller de ciberfeminismo que dí en el Feministaldia en diciembre de 2006.

Para las/os compañeras/os. Copia, usa, modifica, distribuye. Por si alguien duda de la necesidad de HACER activismo feminista en el entorno digtal, éste es el icono que te sale por defecto en el Daily Motion cuando seleccionas X Mujer:


Las divisiones de clase en Facebook y My Space (edición americana)

Viewing American class divisions through Facebook and MySpace

Danah Boyd ha publicado en su blog un ensayo que está dando mucho que hablar. Intentaré resumirlo brevemente aunque, para evitar malentendidos, lo mejor es leer el texto íntegro.

Para los que no lo sepais, Danah Boyd es una investigadora estadounidense experta en comunidades digitales. Y especialmente en el modo en que los jóvenes construyen su identidad en ese tipo de entornos mediados. Sus estudios se basan en entrevistas con usuarios de comunidades digitales, educadores, diseñadores de software social y muchas horas de interacción online.

El ensayo trata sobre "las diferencias de clase" asociadas el uso de My Space y Facebook. Simplificando mucho, lo que Boyd señala es que los chicos buenos utilizan Facebook mientras que los malos prefieren My Space. Los primeros, por lo general, poseen estudios superiores y son en su mayoría de raza blanca, y los segundos vienen de familias de clase trabajadora y no van a la universidad.

Se disculpa desde el principio por utilizar términos tan resbaladizos como "clase social", "clase alta" o "clase trabajadora" y aclara que la división no la realiza en base a los ingresos de unos y otros (o de sus padres) sino al nivel educativo y al estilo de vida. Como alternativa, propone hablar de hegemonic teens (o good kids) y subaltern teens (o bad kids). El planteamiento es muy americano y difícil de extrapolar a las sociedades europeas. Pero aún así da mucho qué pensar.

Boyd sugiere varias razones que explicarían esta situación.

La primera y la más obvia es que Facebook se creó para estudiantes universitarios (primero sólo en Harvard) y sólo desde septiembre de 2006 ha pasado a ser una red social abierta. My Space sin embargo se creó desde el principio como una comunidad abierta a todo tipo de usuarios. Así, muchos estudiantes de high school, habituales de My Space, se pasan a Facebook cuando llegan a la universidad y algunos conservan ambas cuentas durante un tiempo. Pero los que han empezado a conectarse a redes sociales a través de Facebook no migran casi nunca a My Space. Además, muchos de los bad kids usuarios de My Space nunca han oido hablar de Facebook. Pero los good kids sí que conocen My Space. Un dato: los soldados estadounidenses en Irak se comunican con sus amigos y familiares en My Space, los oficiales y militares de alto rango en Facebook, al que los primeros tienen prohibido acceder (!!).

Boyd también alude a la estética de ambas comunidades. Facebook, con su aspecto minimal y cuidado, resulta más familiar para los good kids de familias acomodadas. Mientras que My Space es más atractivo para los chicos que se identifican con tribus urbanas "alternativas" o en situación social de "alteridad" (y aquí entra de todo: hip-hopers, Macjobers, freaks, hispanos, negros, homosexuales de clase media-baja, etc).

En el fondo -y lo dice- Boyd no sabe muy bien cómo interpretar la información que está recogiendo sobre este tema. Pero constata que la fuerte estratificación de la sociedad estadounidense se replica en las comunidades digitales y que éstas la fortalecen. Y, por supuesto, que los creadores de softawre social lo saben (y lo explotan).

El ensayo provocó muchas reacciones, algunas incluso muy extremas. Y es normal. En los Estados Unidos todavía hay quien se cree en un wealthy melting pot y hablar de clases sociales o fractura social es pecado mortal. Pero lo peor es que muchas de las críticas provienen del propio mundo académico -al que Boyd pertenece aunque sea jóven y lesbiana- que no ve con buenos ojos su metodología funky.

Boyd ha respondido con otro texto que también se puede leer en su blog.


“es arte contemporáneo imbécil”

Muy interesante artículo de Inke Arns & Jacob Lillemose publicado en la web de A Minima:

“es arte contemporáneo imbécil”

El texto siguiente fue escrito en colaboración y surge de los debates que venimos manteniendo desde que nos encontramos en el festival Read_me (Aarhus, Dinamarca) en agosto del año pasado. Nuestras discusiones se han centrado en qué influencia tiene el curador de museos o exposiciones y el discurso que lo rodea en cuanto la relación entre el arte digital y el arte contemporáneo en general. Ambos sentíamos que estos dos campos estaban demasiado separados y que era necesaria cierto tipo mediación entre ellos. No entendemos este texto como la conclusión de nuestras discusiones sino más bien como una invitación abierta a un debate más amplio.

Centralizado contra Descentralizado/Distribuido (Control, en cualquier caso)

En la conferencia “Curating. Immateriality. Systems” (1) [Comisariado. Inmaterialidad. Sistemas], que tuvo lugar en la Tate Modern de Londres, a principios de junio de 2005, parecía haber un rechazo al término “comisariado” y al mismo tiempo un deseo casi desesperado de adoptarlo para las nuevas prácticas online. El rechazo hacia el término fue originado en la suposición de que (según la convocatoria de la conferencia) el comisariado tradicional se correspondía con un modelo centralizado de red, similar al control del comisario. En relación con esto se sugirió que las formas “progresistas” de comisariado sigan un modelo de red distribuida, que no permita ningún control central.

El texto sigue aquí.

La imagen es de Brian Mackern

 

El código Incógnitas: la pelea continúa

Y sigue el debate en torno a la exposición "Incógnitas" con la que la Fundación Guggeheim trata de recuperar algo de legitimidad en la escena del arte vasco. Comisariada por JL Moraza y realizada a partir de un larguísmo cuestionario enviado a "figuras representativas" de la escena local, la muestra consiste en una serie de mapas que tratan de cartografiar la creación vasca de las últimas décadas.

En el nivel más privado, la muestra, como era de esperar, ha dado lugar a un sinfín de chascarrillos sobre quién está o deja de estar en el mapa (en sentido metafórico y literal), quién se acuesta con quién, quién ha recibido beca y quién no... En fin, estos temas de elevada profundidad que abundan en las tertulias de artistas. La reacción se completaba con unos pocos artículos descriptivos y prudentes publicados en un par de periódicos locales.

Por suerte, Ricardo Antón decidió publicar en el blog Politikak un texto titulado "¿El fin de la critica?" que ha abierto la caja de los truenos. Descalificaciones apasionadas, argumentaciones de manual del buen crítico de arte, declaraciones de amor y odio, reconciliaciones emocionantes....  En total, casi un centenar de posts que dan una idea del ambiente que se respira por aqui arriba (zona norte del mapa peninsular).

Antes de llegar a la centena de posts, el autor ha decidido recapitular algunos de los temas, a su entender, más relevantes. Y uno de ellos es el de la propiedad intelectual de los mapitas en cuestión.

Amigos ciberdisedentes, rompepelotas compulsivos, contraculturales varios, os animo a que contribuyais al debate generado con el nuevo post: "El código Incógnitas" .

 

Paris: la ciudad menos romántica el mundo

El mejor retrato del Paris contemporáneo no es una novela, ni un poema, ni una película. Es una canción. De una banda de los ochenta llamada Taxi Girl.

Así que, si pensabas que Paris es la ciudad más romántica del mundo, lo siento pero no. Está lleno de fantasmas. Y hace mucho frío. Es París. Y como dicen Taxi Girl, allí no hay nada que hacer.

Esta es la letra traducida. La original la puedes leer aquí .


PARIS

Eh tio, es Paris
Me oyes?
P-A-R-I-S
Paris

Respira la felicidad pero ten cuidado
todos los días hay niños que mueren en las calles por haberlo hecho demasiado
Así que te cuidado y camina por las calles al azar
En cualquier esquina de cualquier calle, encontraras a un tipo cualquiera que te propondrá cualquier cosa:
diamantes, diademas...
Pero cogelas en tus manos y tiralas al suelo,
ya verás, se rompen como el cristal

Es Paris
En Paris nada es igual
Ha cambiado tanto que ya no es ni una ciudad, sólo un gran basurero
El basurero está lleno desde hace tanto que ya no hay sitio para nuestros deshechos

Es Paris, y en Paris no hay nada que hacer
Sólo andar por las calles y esperar
Esperar que haga un poco más de calor
Que se haga un poco más de dia
Que haga un poco de amor

P-A-R-I-S
Paris

No es como te lo esparas
Pero no tiene importancia porque eso no llegará
Es Paris, 1984, bonito año
Nuestros padres?
Nuestros padres tenían ESpaña pero qué nos queda a nosotros?
El Líbano...? Hace mucho calor allí.
Pero mira, aquí hace mucho frío
Y contra esto, ningún radiador en el mundo puede hacer nada
Hace frío en nuestras cabezas
No es Tokyo, Londres, New York o Amsterdam, no
Es Paris, y en Paris no hay nada qué hacer

Paris, ciudad de nuestros sueños
El basurero está lleno desde hace tanto que ya no hay sitio para nuestros deshechos
Nada que hacer, sólo andar por las calles
Andar por las calles
Y esperar que haga un poco más de calor
Que se haga un poco más de dia
Que haga un poco de amor

Ah, ciudad de mis sueños
Qué harás cuando te quedes sola,
podrida
un poco en ruinas,
en todas partes

Sábes cómo escribo tu nombre?
P-A-R-I-S

Eh tío, cómo llamas a Paris?
Paris?
P-A-R-I-S
No! no, no, no, no!
Paris se escribe
M-I-E-R-D-A

Sábes, deberías encontrar a alguien que llene tu corazon
de amor
o de calmante
en fin, de cualquier cosa
Porque uno llega por error o por azar demasiado tarde
y el basurero está lleno desde hace tanto que ya no hay sitio para nuestros deshechos

Es Paris
Paris ciudad de nuestros sueños
Pero en Paris no hay nada que hacer
Sólo andar por las calles

P-A-R-I-S

Así que anda, anda
y espera
espera
espera

¿El fin de la crítica?

Un texto de Ricardo AMASTE publicado en POLITIKAK:

Para “entreteneros” en una tarde de verano, os invitamos a leer un txt que hemos publicado en Politikak , sobre la exposición Incógnitas en el Museo Guggenheim Bilbao. Un txt que no aporta respuestas, pero si algunas preguntas y dudas y sobre todo, plantea la cuestión sobre la función de la crítica (entendida como debate y comunicación) y por qué hay cada vez un mayor desplazamiento desde la “opinión pública” a la “opinión en privado”. El txt está muy centrado en el contexto artístico vasco y en esta exposición, pero leyendo con intención, es extrapolable a otros muchos aspectos sociales, culturales o políticos.

¿El fin de la crítica?

De un tiempo a esta parte, noto que el expresar opiniones o juicios críticos, es un ejercicio en vías de extinción. En muchos casos, cuando se da, es simplemente a modo de chisme o chascarrillo malicioso. Han dejado de proliferar los siempre pintorescos berrinches incontrolados y los que se dan, incluso nos parecen tremendamente anacrónicos. Tampoco existen espacios específicos de referencia que den soporte al “juego” de la crítica; todo se ha atomizado en el personalismo del blog o se ha difuminado hasta confundir la crítica con la mera descripción razonada.

Intento entenderlo y pienso, que quizá hemos decidido opinar y criticar dentro de círculos de confianza (desde la “opinión pública” a la “opinión en privado”), ya sea por no perturbar el tenso clima de corrección política, porque no deseamos desvelar completamente “nuestras cartas” o porque simplemente, preferimos utilizar otras estrategias de trabajo y de generar opinión, más sofisticadas que “el decir lo que se piensa para que los demás lo sepan” -algo que a día de hoy, la mayoría de las veces, si llega a tener algún tipo de efecto, es el de poner en alerta los protocolos de respuesta de quien recibe esa crítica-.


>> Puedes seguir leyendo en http://www.politikak.org

Carta a los artistas en Euskadi publicada por Juan Luis Moraza
Diario El Correo 29/07/2007

Uno no hereda la tierra de sus antepasados, la toma prestada de sus
descendientes». Con este proverbio massai queda desmontada cualquier
noción de propiedad, incluso de propiedad intelectual. El usufructo de
los bienes del planeta supone una responsabilidad con respecto a
nuestros descendientes, y también el saber deja de ser un capital que
debe conservarse intacto proveniente del pasado, para convertirse en una
gran obra colectiva que nos impulsa desde el futuro.

La riqueza de un lugar es también y sobre todo la de sus gentes. Hace
apenas dos meses solicité vuestra ayuda para la tarea imposible de
elaborar en tan poco tiempo un ensayo expositivo sobre el Arte
Contemporáneo en Euskadi por encargo del Museo Guggenheim Bilbao. La
respuesta ha sido tan espectacularmente generosa por vuestra parte que
me siento, además de emocionado, avergonzado por no haber podido hacer
más y mejor aquello que sin vosotros no habría sido posible. Más allá de
beneficios e intereses profesionales, más acá de supuestas diferencias
ideológicas, estilísticas o personales, esta respuesta ha sido la
demostración de que los artistas actuamos desde la desnudez y la
precariedad, y ahí se desvela lo más singular de nuestro ser de deseo.
No se sostiene el mito de los artistas narcisistas, soberbios y
enfrentados. Es nuestro deseo que siempre existe con otros, lo que dicta
nuestro ritmo. Y todo lo mejor de esta exposición es vuestro logro (...).

>> sigue leyendo 

 

El hacktivismo se hace mayor

Otto Von Busch, Karl Palms - Abstract Hacktivism: The Making of a Hacker Culture

Las teorias en torno al pensamiento hacker han dado mucho que hablar en los últimos tiempos. Tanto que, a veces, es difícil saber si realmente estamos ante un síntoma de cambio o tan sólo una nueva forma de oportunismo que extiende la ética hacker a cualquier campo desesperadamente necesitado de innovación conceptual. Como la cultura, la economía , la filosofía o las ciencias sociales.

Esta obra de Otto Van Bush y Karl Palms sugiere que el paradigma hacker podría marcar un hito en la evolución del pensamiento social y los estudios culturales similar al de 1968. Sin caer en el fetichismo de las fechas (demasiado obvio), es cierto que algo se mueve, no sólo en la sociedad, sino también en las ciencias sociales que -supuestamente- la interpretan. Los modelos tradicionales de pensamiento heredados de la modernidad no aciertan a explicar fenómenos actuales como la web de nueva generación o la cultura de redes , por ejemplo. Sin hablar de la revolución genética que está a la vuelta de la esquina.

Algunas teorías filosóficas experimentales de finales del siglo XX -como las de la complejidad - aportaron elementos que podrían sernos útiles para comprender qué c*** está pasando. Pero, por una extraña combinación de fuerzas del mercado del conocimiento, fueron marginadas y aún hoy siguen siendo periféricas e inaceptables para los gurús legitimados del saber que las consideran poco rigurosas y sospechosas de posmodernidad .

Sin embargo, parece que el paradigma hacker va a tener más suerte y puede ocupar ese nicho de mercado. Es fresco, impertinente, lúdico, aparentemente revolucionario y -curiosamente- se escribe en inglés. Es perfecto.

¿Pero puede la cultura hacker -informal, apasionada, intuitiva, irracional, libre- convertirse en un modelo de pensamiento abstracto? ¿No sería esto contrario al propio espíritu hacker? ¿Tanto ruido para acabar haciendo del hacktivismo un nuevo sistema conceptual? ¿Qué es lo próximo? ¿Una cátedra de filosofía hacker? ¿Exámenes de cultura hacker tipo test en la licenciatura de humanidades?

El espacio natural de lo hacker no puede ser el de la abstracción sino el de la realidad y el desafío.

Igual que un activista no habla sobre política sino que hace política, un hacktivista no es alguien que escribe sobre hacktivismo. Un hacker es un pirata de la realidad que hackea todos los códigos que caen entre sus manos, incluida su propia vida. Y que siempre está en movimiento hacia algo que no puede explicarse en un libro.

 

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A propósito de El ejemplo de LOVE Park

La cultura urbana nos habla de las ciudades en las que vivimos. Cada día más funcionales y menos públicas. Más de tránsito y espectáculo que de producción de vida. Por eso, aunque no me interesa especialmente la cultura de la patineta, me encanta encontrarme textos como "El ejemplo de LOVE Park", publicado por Misha Canibal en Perros Callejeros .

Habla de cosas muy interesantes como, por ejemplo, la relación entre skatebording y dinero (mucho pero que mucho dinero):

Para el año 2002 varias generaciones de skaters había crecido patinando este espacio urbano público, pero el Ayuntamiento prohibió el patinaje en Love Park y realizó unas obras para re-convertir esta plaza en un sitio no apto para el skate. El alcalde olvidó rapidamente el gran beneficio económico (80$ millones de dólares) que había recibido la ciudad gracias al campeonato de skate de los X-Games que organizó una cadena televisiva en el centro de Filadelfia durante los años 2001 y 2002. Este espectacular evento fue retransmitido a 150 millones de hogares y 18 paises. Además tampoco parecío conmoverle que Love Park fuese incluido como uno de los escenarios del mundialmente conocido video-juego Tony Hawk’s Pro Skater II. En el 2004, una conocidísima marca de zapatillas ofreció al ayuntamiento la donación de 1 millón de dólares a lo largo de 10 años si volvían a permitir el patinaje en Love Park.

O de lo que significa crear espacios aptos, legales y protegidos (léase, controlados) para la práctica de este tipo de actividades lúdicas juveniles:

Los skateparks son zonas reguladas por la institución, y eso hay que hacérselo entender a l@s patinador@s… ya que si quieren patinar calle o “street”, hay que tener claro que una “skate-plaza” no es más que una reproducción formal y estética de lo que supone patinar por la urbe de manera ilegal.

O también -aunque no explícitamente- de nuestra libertad para interpretar el entorno urbano y hackearlo a nuestra manera:

Como anota Anthony Bracali, arquitecto del proyecto Paine Park, hay millares de lugares, mobiliario urbano, y tipologías de hacer ciudad, que han sido interpretadas por parte de la comunidad skater que han creado un lenguaje global. Las nuevas relaciones del cuerpo patinador con su espacio (...) se han convertido en las nuevas herramientas arquitectónicas más efectivas para la crítica de la vida cotidiana. Inimaginables por ningún urbanista del siglo pasado estos juegos juveniles han cambiado el paisaje de nuestras ciudades occidentales para siempre.

Así, si donde Misha dice skater leemos ciudadano (o caminante) o donde dice skate leemos paseo (o vida o mucho mejor: deriva), resulta que nos encontramos con un texto sobre las arquitecturas de control y la relación entre vida y urbanismo:

“El proceso de domesticación urbanística de los escenarios de la vida pública encuentra un complemento estratégico en la generalización de discursos políticos que, para intentar exorcizar las manifestaciones de lo inorgánico y los exudados visibles de la desigualdad social, hacen elogio de los valores del civismo, una ideología que concibe la vida social como terreno de y para el consenso, en que ciudadanos libres e iguales acuerdan convivir amablemente cumpliendo un conjunto de preceptos abstractos de buena conducta”.
Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles.
Manuel Delgado, Anagrama ed. 2007.

El texto completo está en Perros Callejeros , un weblog sobre urban life styles, street zinema, skateboarding & graffiti! O sobre reality hacking , según cómo se mire.

 

 

Massive Change

What is Massive Change? (una panda de chiflados)

Design has emerged as one of the world’s most powerful forces. It has placed us at the beginning of a new, unprecedented period of human possibility, where all economies and ecologies are becoming global, relational, and interconnected.

There are two reasons to know more about Massive Change: to be changed and to make change. The events, the book, and our growing online community are short cuts to provocative thinking about the power and promise of design. Massive Change will change how you think about possibilities, for the world, and for your own family, community, company and country.

Design Economies

Instead of structuring our project around professional design disciplines, like graphic design and industrial design, we looked at design from the perspective of the citizen. Design economies are the regions of our lives that are being transformed, and in some cases invented, by new capacity designed to shape the world.

http://www.massivechange.com/

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